
Hay libros que no nacen del sosiego, sino de la urgencia respiratoria. Libros que se gestan en la fisura donde la memoria y el trauma de las relaciones codependientes amenazan con asfixiar la voz. El bozal, es un ejercicio de arquitectura íntima, una bitácora de desprendimiento y una exploración valiente del espacio fronterizo donde la autobiografía y la ficción se confunden para cicatrizar, examen incisivo de la carne y el instinto. La autora retoma elementos de su propia biografía —el recuerdo de las tardes infantiles en el piso de parqué escuchando la radio de onda corta durante la dictadura, el peso de los linajes femeninos— para imbricarlos con una prosa poética de alta intensidad dramática.
Rodrigo Peralta