LAS TRES MÁXIMAS

Una niña se pierde dentro de sí misma, como en un bosque hastiado de sus propios árboles. Se
busca, y no son sus ojos los que entrevén la espesura sino el signo que se entorna y parpadea
preguntando. Una mujer se oculta en el tiempo y solo hay un atrás de aromas íntimos y ese sonido
sumergido, el frio de los viejos timbres de las voces amadas y perdidas. Nada ha ocurrido y lejos
brilla la luz de una ventana. El hablante no logra esconder su identidad y se ovilla en un sendero
que se abre, cerrándose, en cauces secos y huellas irreconocibles. No hay migajas de pan como
señales. Algo ha sido olvidado. Interroga la voz, que es como sabemos lo único dado hacer a la
poesía. Pregunta afirmando y habita asi otra vez, de un modo fugaz, el dominio de los antiguos
fantasmas.
Vemos la noche por el rabillo del signo que pestañea mirando fijamente un universo de dolores
que se constelan y giran en el aire. Lejos la ventana encendida, el trictrac de los palillos que urden
una intimidad imaginada. El falso recuerdo, en retales, de todo aquello que añoramos. Dormida
bajo la lluvia torrencial, la voz camina en círculos que nos acercan y nos alejan de la ventana
titilante donde aloja todo lo que hemos perdido.
La voz se habla a si misma y el bosque se esconde dentro del bosque, para que lo mas pequeño y
trivial, una galleta, un frasco, un aroma, puedan alcanzar una potestad metafísica.
El bosque se oculta dentro de la niña y las cosas rompen sus significados comunes, vagando por la
noche del bosque y girando, perdidas, en torno a las cosas inmensamente perdidas. La ventana. La
luz. La mermelada de damasco que es el sabor de la bondad, como el recuerdo de la madre
muerta tras un eclipse.
Y La grieta donde la vida se rompió sin remedio. Una herida que sonríe.
En ningún lugar se cumple tan cabalmente como aquí la definición de poesía descrita como el
modo en que la voz explora su propio asombro. Una niña se pierde dentro de si misma y va en
círculos girando en torno a la casa donde una ventana tirita. Las ramazones el crujir de la hojarasca
bajo los pies desnudos.
Toda marcha es hacia atrás, todo destino es el pasado.

Antonio Gil

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